El 3 de julio de 1927, en un pequeño pueblo del interior uruguayo, las mujeres fueron convocadas a votar por primera vez en América Latina. No elegirían presidente ni autoridades nacionales. Debían decidir a qué departamento pertenecería Cerro Chato, una localidad disputada por Durazno, Florida y Treinta y Tres.
Lo que parecía una consulta territorial pronto adquirió una dimensión política continental. La campaña dividió a los vecinos, enfrentó intereses partidarios y económicos, movilizó a dirigentes nacionales y atrajo la atención de los movimientos feministas. Algunas mujeres defendieron su derecho a participar. Otras eligieron la abstención como forma de protesta. Todas tuvieron que abrirse paso entre presiones, burlas y prejuicios que buscaban mantenerlas lejos de las urnas.
A partir de documentos, correspondencia, archivos de prensa y testimonios familiares, Elena Risso reconstruye aquella jornada y el convulsionado Uruguay de las primeras décadas del siglo XX.


